lunes, 31 de mayo de 2010

20 MILLON MILES OF EARTH (1957)

20 MILLON MILES OF EARTH (1957)
Dir. Nathan Juran
  • Guión: Robert Creighton Williams y Christopher Knopf (Guión), Ray Harryhousen (Idea, sin credito)
  • Actores: Silliam Hopper, Joan Taylor, Frank Puglia
  • País: Estados Unidos
  • Clasificación: Espaciales y Robots

Sinopsis:
La La primera misión tripulada a Venus acaba de regresar a la Tierra y carga con ella un serio problema: parte de la tripulación se encuentra infectada por una enfermedad extraterrestre que los ha estado matando. Por si fuera poco, el cohete acaba desplomándose en el Mediterráneo, cerca de unas villas sicilianas donde dos de sus tripulantes serán rescatados por los pescadores para ser atendidos después en una clínica local. Por desgracia solo uno sobrevive, el Coronel Calder (William Hopper), quién se encuentra preocupado por otra situación de riesgo potencial. La nave espacial transportaba muestras de vida extraterrestre.

Y su preocupación no es en vano. Uno de los contenedores de estas muestras es encontrada en la playa por un niño quien decide venderla a un científico, el Dr. Leonardo, quien acepta el trato y obtiene una extraña “bolsa” o saco gelatinoso. La sorpresa deviene cuando de este surge una pequeña criatura humanoide y reptilesca que en pocas horas comenzará a desarrollarse cada vez más rápido, aumentando de tamaño. Cuando la criatura llega a las proporciones de un hombre, logra escapar de la jaula que lo aprisionaba y corre al campo. Hambriento y desorientado, el Ymir llega a una hacienda, buscando refugio y alimento, pero ahí es rodeado por la policía. El Coronel Calder, señala a todos que la criatura no es salvaje a menos que sea provocada. Y la provocación, por supuesto, se da: El dueño de la hacienda clava en la espalda de la criatura un trinchete. El Ymir aúlla de dolor y enfurecido ataca al hombre dejándolo gravemente herido.


La bestia ha logrado escapar de la redada y ahora un comisario italiano decide que no se capturará al monstruo, sino que se le matará, por lo que Calder, apoyado por el gobierno norteamericano, intentaran capturarla antes usando una red para por medio de ella aplicarle una descarga eléctrica a la criatura, con el objetivo de desmayarla. Se sabe que el Ymir se alimenta de sulfuro y mientras los americanos – con permiso del gobierno italiano – preparan un cepo, la policía italiana persigue a la asustada bestia con balas y lanzallamas. Sin embargo, el plan de Calder tiene éxito y logran hacerse con el monstruo.

La bestia es enviada al zoológico de Roma, donde se estudiará. La criatura ha crecido el triple (el aire de nuestra atmosfera lo hace crecer) y gracias a un accidente esta logra escapar del zoológico, no sin antes enfrentarse con un elefante en las mismas calles de Roma, donde termina sembrando el terror.

Asustado y confuso, el Ymir acaba refugiándose en el Coliseo Romano, donde las fuerzas militares italianas vuelven a cercarlo. Está vez el monstruo de Venus tiene sus días contados. Sin reparar en la importancia histórica del lugar donde se encuentran, los militares despliegan su armamento de fuego y hieren gravemente al gigante quien escala hasta la parte más alta del antiguo edificio. Cansado, lacerado y espantado, la pobre bestia queda a merced de los soldados mientras su cuerpo pende de una cornisa del Coliseo. Dos cañonazos acaban por hacer ceder esa parte del edificio y el Ymir se desploma hasta el suelo, donde muere.

Comentarios:


Si encuentras ustedes similitudes de esta película con los films de King Kong (1933) o Mighty Joe Young, hay una buena razón para ello. La idea sobre la que se estructura la película pertenece a Ray Harryhousen, quien realizará todos los efectos especiales de la cinta y que no solo es un gran fan de la película dirigida por Cooper y Schoedsack, sino que en cierta manera fue alumno de Willis O´Brien, el director de stop motion del filme. Como un enamorado de los monstruos, Harryhousen tomo nota de la tragedia de la muerte de Kong y entendió el mensaje que subyacía bajo el filme. La incomprensión humana ha llevado a sacrificar a la octava maravilla del mundo en el altar de la modernidad y la civilización. No importa lo que Kong signifique para la ciencia, no importa que haya sido rey en su isla, en los Estados Unidos, que todo lo trivializa, la bestia ha sido denigrada a bufón y obligado a vivir bajo las leyes. Pero Kong es un ser salvaje, libre y se ha liberado para encontrar en la ciudad a la querida dama por la cual lucho y peleó en su selva. La muerte trágica de Kong es un remake de la bella y la bestia donde esta última no acaba convertida en príncipe. Es la dignidad aplastada por la realidad materialista y esto resulta aún más trágico cuando sabemos que fue causado por una mujer.


King Kong se puede interpretar de muchas maneras, pero Harryhousen entiende que es también resultado del choque contra lo diferente, contra lo que no podemos controlar.


La historia del monstruo de Venus sigue una línea muy similar, aunque sin chica de por medio. El Ymir - quien realmente no es llamado nunca así en la película, pero cuyo nombre fue tomado prestado por Harryhousen a la mitología nórdica para referirse a él – es realmente un bebe perdido y asustado que es traído a la Tierra por un equipo humano que paga sus errores cuando casi todos contraen una enfermedad venusina hacia la cual no tienen inmunidad. Atrapado en un mundo que no conoce y afectado por la atmósfera de nuestro planeta que lo hace crecer cada vez más y más, el Ymir escapa de sus captores humanos y ronda por un paisaje extraño en busca de comida y refugio. Al igual que el monstruo de Frankenstein de Mary Shelly, su presencia causa miedo, pero la bestia, en las propias palabras del Coronel Calder, uno de los astronautas de la misión, realmente no es agresiva a menos que sea atacada.

El monstruo, una especie de lagarto con torso humano, está expresamente diseñado para ofrecer al espectador una condición empática con la cual pueden conectarse a la bestia. Aunque no es de este planeta, su forma antropomorfa nos es familiar. Durante toda la película somos testigos de cómo un pobre animal es perseguido, cazado y herido sin tener el la culpa de nada. Hay incluso una escena que demuestra que el Ymir no tiene ninguna mala intención. En su periplo, el monstruo queda en frente de un pequeño borreguito abandonado que bala de miedo frente al lagarto, pero este solo lo mira con curiosidad y continua su camino en busca de comida, que por cierto, no tiene nada que ver con la carne.
Eso sí, el salvajismo de los humanos es mucho más patente que el de la bestia, cuando a esta le clavan un trinchete en plena espalda, en una escena que trasmite al público la plena sensación de esta barbárica acción, en una imagen que recuerda mucho al sacrificio de los toros en las plazas públicas.


Ray Harryhausen no se confunde. En esta película nos muestra directamente quien es el verdadero monstruo.


El film, sin embargo, cuenta con muchos elementos analizables que reflejan, aún con este mensaje en mente, la ideología y el punto de vista norteamericano de las post guerra.


Ray Harryhousen explica que la película se filmó en Italia porque él tenía muchas ganas de conocer el país y aprovecho la situación para emplazar la acción en otro lado que no fueran ya los Estados Unidos. Como parte de las fuerzas del Eje, Italia apoyó a Hitler y su guerra expansionista en Europa, y quedó bajó el control de los Estados Unidos quien apoyó al dirigente democratacristiano Alcide De Gasperi (1948 – 1953) a la reconstrucción democrática del país, a su reforma agraria y a su industrialización. La película es pues, también una propaganda de post-guerra a favor de la hermandad con los antiguos enemigos. De hecho es importante notar que tres de los científicos más importantes en la historia son representados por un italiano (el Dr. Leonardo), un alemán (el Dr. Judson Uhl) y un japonés, asistente de este último (el Dr. Koruko), todos ellos pertenecientes a países que perdieron la guerra pero que ahora se encontraban siendo reactivados política y económicamente por los Estados Unidos.


Al transcurrir la acción en Italia hay también un descanso a la imagen de los Estados Unidos como un país insensible cuyas preocupaciones son solo militares. Aquí, es el coronel norteamericano quien busca evitar la muerte del monstruo y un comisario Italiano quien declara su exterminio. Es importante notar como aunque la presencia militar norteamericana en la película es bastante evidente (son los que planean con éxito la captura de la criatura), las decisiones italianas son totalmente respetadas por el gobierno norteamericano, aunque a este tampoco se le niega su intervención “paralela” en los hechos.


Después de la guerra se abre una nueva época de cooperación entre las - antes - naciones enemigas con la consigna de dejar el pasado atrás y la película acepta esto. Los italianos nunca son denigrados, aunque se escapa por ahí una que otra actitud estadounidense que demuestra quien manda en el país.


Al final, la película termina con la muerte del Ymir bajo uno de los símbolos más importantes del poderío romano: el Coliseo. Así como Kong se derrumba del Empire State, edificio emblemático y durante muchos años icono del poderío económico e industrial norteamericano, el Ymir cae del circo romano, el edificio donde se desarrollaban los enfrentamientos entre gladiadores y que subraya el poder y el dominio de Roma en el mundo de su época.


Al igual que Kong, el Ymir es pasado por las armas, en una acción que se nos antoja estúpida y casi increíble: las fuerzas italianas atacan al monstruo con cañonazos y balazos con el peligro de dañar irremediablemente al Coliseo. ¡Y así ocurre! Para lograr que el monstruo caiga desde las alturas, un tanque le dispara directamente a la cornisa del monumento histórico donde la bestia se encuentra sujeta, en una acción que nos parece más acorde a los norteamericanos que a los italianos, tan orgullosos de sus obras de arte y monumentos.


Finalmente, el monstruo es muerto una vez más por la fuerza de las armas, una fuerza que en la segunda guerra mundial demostró su eficacia contra el gigantesco monstruo nazi y que ahora la reafirma con la caída del monstruo de Venus o cualquier otro gigante destructor. El poder de las armas, el poder militar es pues, el único que garantiza la seguridad del mundo libre. No importa si son gigantes radioactivos o enemigos rusos, solo tenemos de nuestro lado el poder de la artillería y el arrojo de los hombres que manejan las armas.


20 Millon Miles to Earth, parecería revelar pues, una toma de conciencia más profunda sobre la comprensión a lo desconocido, pero siendo sinceros, el mensaje resulta muy ingenuo. El Ymir, así como Kong o Mighty Joe Young no representan una postura filosófica en pos de una comprensión universal, de una apertura hacia lo diferente, sino más bien una especie de lastima patética, de melancolía, hacia un mundo idealizado y algunos valores pedidos del pasado: Kong es un rey humillado, Mighty Joe Young un “buen salvaje tercermundista” bajo la protección de un sistema paternalista occidental y el Ymir no es otra cosa que solo un animal. El enemigo de los tres es básicamente la modernidad corrupta y materialista que asfixia con su falta de valores al orgullo, la inocencia y el mundo natural.


20 Millon Miles to Earth nos muestra que los miedos siguen estando ahí. El miedo a la desaparición de un mundo que a los norteamericanos les parecía seguro y acogedor, y que ahora se ha transformado en una lucha de poderes donde se ha perdido todo el honor y donde todo tiene un precio. El mundo del futuro se perfila entonces, como un mundo que requiere de la brutal inmolación de la inocencia y la maravilla que representaban los valores del pasado.


Y es así que escuchamos al Dr. Judson Uhl cerrar la película con una frase que encierra todo el dolor de esta pérdida: “¿Por qué es que siempre, siempre le cuesta tanto al hombre moverse del pasado al futuro?”



[Existe una versión en DVD]

1 comentario:

El Bonilla dijo...

Chido! buen Blog, será muy útil para una idea que traigo para un comic! saludos!