viernes, 30 de julio de 2010

KING KONG (1933)

KING KONG (1933)
Dir. Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack

  • Guion: James Ashmore Creelman y Ruth Rose (guión), Merian C. Cooper y Edgar Wallace (Historia), Leo Gordon (escritor adjunto)
  • Actores: Fay Wray, Robert Amstrong, Bruce Cabot
  • País: Estados Unidos
  • Clasificación: Humanoides, Animales e Insectos, Dinosaurios y Prehistoricos

Sinopsis:
Carl Denham (Robert Amstrong) un famoso productor de películas documentales contrata a un barco y su tripulación producir un emocionante film de romance y aventura en una misteriosa isla perdida del Pacífico. La ficción se transformara en realidad cuando su actriz principal – Ann Darrow, una joven y bella actriz muerta de hambre que es contratada por Denham en la misma calle, poco antes de partir - es secuestrada por los nativos de la isla y ofrecida como sacrificio a Kong, el monstruoso gorila de quince metros que es adorado como un dios por los habitantes de la tribu. El primate recibe su ofrenda de una especie de altar y parte con la chica hacia el interior de la isla a donde es seguido por el capitán, el productor del filme, el enamorado de la chica, el marinero John Driscoll y demás tripulantes del barco.

La tripulación descubrirá que la Isla de la Calavera es realmente un mundo olvidado donde criaturas antediluvianas han logrado sobrevivir hasta el presente. La mayor parte de la expedición es exterminada por estas bestias y en especial, por el enojado Kong, que arroja a la mayor parte de ellos a una abismal cañada donde mueren estrellados. Finalmente, los sobrevivientes logran rescatar y huir con la chica, al mismo tiempo que en la mente Carl Denham (Richard Armstrong), el productor, se fragua un interesante plan que puede volverlo rico: capturar a la criatura y llevarla a la civilización para ser presentada como el espectáculo más grande del planeta: Kong, La Octava Maravilla. El capitán del barco acepta el plan y logran atrapar al gigante quien es encadenado y llevado a la Gran Manzana para presentarlo engrilletado en un teatro.

El gorila, quien se había encariñado de la chica que debía ser su sacrificio, logra romper sus ataduras y salir a la ciudad donde siembra el caos y el terror. Asustado y confundido, el gorila gigante logra dar con su platónico amor y sube con ella hacia las alturas del entonces más grande edificio de la ciudad, el Empire State. Sin embargo, un grupo de aviones de combate lo enfrenta y el primate es derribado sin misericordia. El cuerpo del gorila cae del edificio como un muñeco de trapo. Y ahí, en la calle, ya sin vida, queda el cuerpo de quien alguna vez fue el orgulloso dios de un paraíso prehistórico.

Comentarios:
King Kong sigue siendo una película sorprendente, inclusive para los estándares de hoy. Con una línea argumental muy sencilla y bastante emparentada con los relatos pulp de la época que mostraban aventuras en mundos perdidos y exóticos, la aventura de Kong sobresale por una factura cuidadosa, original y una ambientación impresionante.
Y aunque la trama sea sencilla, resulta muy reveladora en algunos aspectos. King Kong es también una tragedia, un drama que involucra la inocencia de una criatura y su cruel destino al chocar de frente contra la corrupta civilización.

En la Isla de la Calavera, Kong es el rey, pero como bien menciona Denham a su llegada a Nueva York, ahora es traído preso para la curiosidad de la gente. La forma de vida americana, donde todo es visto como un negocio, arrebata a Kong todo lo que es para convertirlo en un objeto de morbo, en un freak de espectáculo. Cuando Carl Denham menciona en la isla su intención de llevar a Kong a la civilización, nadie puede creer su loca idea, pero cuando menciona la cantidad de dinero que obtendrán por presentarlo ante el público, todo ha sido ya dicho y la siguiente escena muestra de inmediato el cartel de un teatro anunciando a la octava maravilla del mundo: King Kong.
La historia de Kong no es la historia de un simple animal. La muerte de Kong marca a muchos espectadores, porque gracias a su imagen antropomórfica hay un punto de contacto con su sentir. Tal vez la escena más triste es el ataque de los aviones en el Empire State. Kong, quien retiene de forma protectora a la aterrada Ann Darrow no tiene ojos para otra cosa que no sea ella y cuando los aviones lo ametrallan desde las alturas, vemos en su rostro que su única preocupación sigue siendo la chica. Cuando Kong comienza a sangrar, la bestia pasa su mano sobre su propia sangre. La mira sorprendido e incrédulo. ¿Quién ha podido dañar a Kong? ¿Cómo han podido? El rey de la Isla de la Calavera ha descubierto que en ese lugar de edificios de metal y cielos grises ya no es nadie. Él, quien ha vencido incontables bestias, ahí no tiene poder. Sin embargo sigue luchando. Pero su lucha ya no es por él. Es por la chica a la que cree amenazada y en medio de todo aquel infierno su último intento de sobrevivencia se convierte en un gesto de cariño hacia la aterrada mujer que indiferente al drama del mono, sigue gritando aterrada.

Kong se desploma ante los pies de un gigante mucho más grande que él: el Empire State, el mundo civilizado, el mundo hipócrita de los negocios, del morbo, de los periodistas que como buitres buscan una noticia.

“No son los aviones quienes han destruido a la bestia” – dice Carl Denham mientras mira tristemente a su mono tirado sangrante en el suelo – “ha sido la bella la que ha matado a la bestia”.
Y tiene razón. Una mujer de la farándula, de la actuación, una mujer fantasía lo ha destronado y lo ha puesto a sus pies hasta matarlo. ¿Es esa misma fantasía la que vende un país como Estados Unidos? ¿Cuántos no han perdido sus vidas persiguiéndola? La civilización materialista a terminado con la criatura de un mundo salvaje, que en comparación resulta ser menos monstruoso que esa selva de concreto que se llama Nueva York.

De cualquier manera, la película de Kong no tiene realmente una intención crítica. Eso es solo una interpretación, pero lo cierto es que King Kong no termino siendo “el monstruo” del filme. Mucha gente lo percibió como una víctima del sistema. ¿Quién podría acabar odiando a Kong? No es un monstruo vengativo, ni un animal totalmente irreflexivo. Es de un mundo diferente al nuestro y lo diferente nos da miedo, porque no lo comprendemos. Pero en el film podemos comprender a Kong.

Kong, pues, no es un monstruo. Nosotros, avariciosos y corruptos, somos el monstruo de verdad.
“Cuando Cooper y Schoedsack estuvieron en busca de locaciones en África para hacer algunas tomas de animales para la versión de la Paramount de The Four Feathers (Merian C. Copper y Lothar Mendes, 1929), Cooper se interesó en los hábitos de los gorilas . Se le ocurrió la idea de un primate de inteligencia superior que corre suelto por las calles del mundo civilizado. Este concepto lo adorno con algunas otras escenas más específicas como la pelea del gorila contra un dragón de Komodo gigante (en ese entonces muy conocidos porque dos de estos reptiles habían sido llevados vivos al zoológico de Nueva York, pero habían muerto a consecuencia del viaje); como clímax, el gorila realizaría una última pelea en la cima del recientemente concluido Empire State Building…”

CLARENS, Carlos. An Illustrated History of the Horror Film. New York: G. P. Putnam, 1967 Pags. 91-92

El gusto de Cooper por los gorilas y la gran impresión que causó en él un libro del naturalista W. Douglas Burden sobre los dragones de Komodo, lo llevó a imaginar una pelea entre ambas criaturas. De hecho, pensó en la posibilidad de realizar un filme haciendo tomas de ambos animales por separado y después, unirlos por medio de efectos especiales y la edición. Sin embargo, después de observar lo filmado por O´Brien, y después de una larga plática con el creador, vio las posibilidades que la técnica de “stop motion” le permitía: filmar todas las escenas en estudio, lo que abarataría el costo del filme, además de contar con criaturas ya armadas y listas para filmar.

La idea de la película evolucionó hasta llegar a cristalizar en una original versión de La Bella y la Bestia, donde un gigantesco gorila, habitante de una isla perdida y considerado una especie de dios por los primitivos habitantes de esta, es capturado por la tripulación de un barco norteamericano para servir de espectáculo en la ciudad de Nueva York.

O´Brien y todo su equipo fue contratado por Cooper para realizar los efectos de “stop motion” y de “animatronicos” – personajes mecánicos – para la película, además de incluir en ella parte de las criaturas diseñadas por Marcel Delgado para Creation, como una triceratops con sus crías, un pteranodon, un stegosauro, un brontosauro, un styracosauro y finalmente un impresionante Tiranosaurio Rex, también con su cría. Este último se enfrentaría a Kong en una secuencia de batalla inolvidable.

El equipo de O´Brien realizó una de las hazañas cinematográficas más importantes dentro del campo de los efectos especiales. Su trabajo no consistió solo en mover figuras en escenarios reducidos, sino en integrarlas perfectamente bien con los actores y el ambiente. Hay dos escenas realmente extraordinarias donde la interactividad entre modelos y actores debía ser perfecta. Una de ellas muestra la persecución de un brontosaurio a la expedición, persecución que termina cuando el monstruo atrapa a uno de los aterrorizados hombres que, para escapar, intenta escalar un árbol. El brontosariuo, fuera de toda justificación científica, toma al hombre con sus dientes y lo sacude hasta matarlo. En la segunda, Kong acorrala a los aterrorizados hombres que, en su huida, quedan atrapados a la mitad de un puente natural creado por un árbol derribado sobre un gigantesco abismo. Kong levanta el tronco con sus poderosos brazos y comienza a agitarlo con furia mientras los marineros van cayendo al precipicio en medio de angustiantes gritos de espanto. Otro aspecto funamental a mencionar son las subyugantes pinturas matee que Byron L. Crabbe pintó para los fondos del filme, con una fuerza emotiva tremenda que evoca paisajes antediluvianos donde el tiempo parece haberse detenido.

El diseño del Kong así como la de los demás criaturas corrió a cargo de Marcel Delgado, el cual tuvo que diseñar diferentes modelos del gorila para utilizarse en escenas determinadas. Así, para las escenas en la isla, se diseño un muñeco de 18 pulgadas mientras que para algunas escenas que ocurrirían en nueva york se diseño uno más grande, aproximadamente de 24 pulgadas. Incluso la misma fisiognomía del simio cambia de lugar a lugar: en la isla, el modelo de Kong cuenta con un rostro mucho más alargado.

Los escenarios de la isla construidos para los modelos también fueron un reto para el equipo de O´Brien y para elaborarlos se realizó una combinación entre modelos de metal y plantas reales. Los de tamaño natural fueron reutilizados y reconfigurados a partir del diseñados para otro filme, The most dangerous game (Irving Pichel y Ernest B. Shoedsack, 1932).

Por supuesto, todo este derroche técnico costo a la R.K.O. quinientos mil dólares de un presupuesto inicial de doscientos. El consejo de la compañía, sumamente nervioso por lo que se estaba jugando, pensó en cancelar el proyecto pero David O. Selznick, el productor ejecutivo, quien confiaba plenamente en el éxito del filme, los convenció para no ceder.

El resultado final de todo el laborioso trabajo fue una película sorprendente que acabo salvando de la bancarrota a la R.K.O. y reafirmando la importancia del desarrollo de la tecnología para los efectos especiales del cine.

[Existe una versión en DVD]

2 comentarios:

Israel Laureano Lazcano dijo...

La versión clásica del rey Kong, insuperable incluso por la versión de Jackson.
Lo mejor son los cortos fanart que hicieron.

Caracol dijo...

Qué bueno que volvió a postear. Se extrañaba.

Gracias a sus post miré la mejor película de monstruos que he visto en toda la vida: The Host.

En verdad, una joya.

Saludos y ánimo.